La rapaza lanza sus encajes al viento,
pérfida de la noches enciende fuegos,
libre como el cielo abierto,
que ampara la luz de la luna,
así ampara entre sus dedos
todos los eróticos deseos
que el hombre no encuentra
en sus leales pero desérticos cimientos.
Presea joya excelente,
su palabra sutil y cadenciosa,
su mirada traga todas las fidelidades,
en la piel marcadas quedan sus huellas,
y se consagra la dueña, la patrona,
con su capa negra de seda
sus tacones charolados
su boca la pulpa dulce…su boca,
dos pechos tributo a los placeres.
Su cintura contoneada de flores
en el aire aroma a celos,
y envidia de mujeres,
caminante de calles y cielos,
hasta el aire va seduciend
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